jueves, 3 de febrero de 2011


“Toda acción y toda elección, parecen tender a algún bien.” Pero ¿cuál es ese bien? La Ética a Nicómaco es una de las obras fundamentales de la filosofía occidental, uno de las bases de la Ética; su contenido versa sobre la felicidad.

Aristóteles nos hace preguntarnos: ¿cuál es el fin de las acciones humanas? Ya que-él mismo nos lo dice-establecido el fin, es cosa fácil buscar los medios para alcanzarlo; teniendo claro el objetivo que perseguimos será más sencillo alcanzarlo; y el mayor peligro que hay en las acciones y consideraciones, es el errar el fin, pues, errado éste, no se podrían elegir los medios acertados.

Siempre que actuamos buscamos nuestra satisfacción, el placer, algo que nos deje tranquilos, que nos agrade. Buscamos nuestro bienestar, nuestra felicidad. Aristóteles prueba así, que el fin de las humanas acciones será la felicidad, y que la verdadera felicidad consiste en hacer las cosas conforme a una recta razón, en lo que consiste la virtud.

Aristóteles usa su dialéctica para desenmarañar que detrás de todas las acciones humanas hay un fin siempre. Siempre que actuamos buscamos algo, de no ser así la vida y los actos humanos estarían vacíos. De modo que, como ya se ha dicho al principio, conocer ese bien supremo que se busca haría más accesible nuestro fin.

Prosiguiendo su discurso Aristóteles afirma que hay una razón lógica para responder al por qué no se ha investigado dicho fin: la vida llevada está sujeta a las pasiones. Por tanto la primera acción a realizar en la búsqueda de nuestro bien es despojarnos de las pasiones. Solo quien se deje guiar por la razón puede sacar provecho de las consideraciones que él nos ofrece.

Para responder a la pregunta originadora Aristóteles se hace otra pregunta: ¿cuál es el bien supremo entre todos los bienes? Es la felicidad. Pues el fin de vivir bien obrando bien es lo mismo que ser feliz. Su propuesta es que solo la felicidad es buscada por sí misma, y que por el contrario otras acciones humanas se hacen con el objetivo de llegar a esta.

También afirma que la virtud es un fin que es buscado por sí mismo, y que ésta es plenitud en sí misma. Ser virtuoso es, de igual manera, ser feliz. Pero no basta la virtud para ser feliz, eso es demostrado porque hay muchos hombres virtuosos en sí que son desdichados. Es necesaria, complementaria, la riqueza: pues aunque no es la felicidad ser rico (hay ricos que son afectiva o socialmente pobres) es útil para ser feliz.

¿En qué consiste el bien? El bien es lo que se busca y ama por y en sí mismo. Y esto que se busca por sí mismo es la felicidad. Ya que hay ciertos bienes que se buscan, pero son perseguidos para producir un bien mayor. Ese bien mayor debe ser perfecto en sí, es decir, bastarse por sí mismo para considerar que alguien que lo haya alcanzado este en plenitud.

Una prueba de que la felicidad es el bien mayor es la siguiente: siempre buscamos lo que nos haga feliz, placer, honor, poder que nos hagan felices. Así, pues, no buscamos ni el placer, ni el honor, ni el placer en sí, sino en función del bien perfecto que estos pueden darnos: la felicidad.

Otra prueba es que no deseamos la felicidad para ser ricos, sino que buscamos ser ricos para ser felices. Además que todos siempre consideramos que alguien cuando no le falta nada es una persona feliz, por tanto la felicidad es auto suficiente, es el bien supremo.

Para comprender la felicidad y facilitar su búsqueda debemos conocer la función del hombre en la vida, si la comprendemos sabremos como perfeccionar nuestra vida, ser felices. ¿Cuál es la función del hombre? La nutrición y el crecimiento son virtudes de las plantas, de los animales y del hombre, pero esa no debe ser la función del hombre puesto que este es un ser único. La vida sensitiva por serle común a él y a los animales, tampoco es su función.

Entonces ¿cuál es? La vida activa de la razón, siendo ente racional, su función es la de razonar, pero razonar según la virtud. El hombre feliz es el que vive du función de forma perfecta: la vida del alma, el hombre feliz o bueno ejecuta acciones razonables, perfectas y bellas. Para ello se requiere la virtud.

Pero ¿cuál es la naturaleza de las acciones razonable o actos buenos? ¿Cuáles son sus propiedades? Aristóteles divide los bienes en tres clases:

a) Bienes exteriores
b) Bienes del alma y
c) Bienes del cuerpo.


Los bienes del alma son los únicos que pueden ser considerados como propiamente bienes por ser los primarios. Un bien del cuerpo seria el placer, un bien exterior es el honor, la abundancia. Los bienes del alma, como es lógico suponer, son su propio fin; en cambio los bienes del cuerpo no son fines en sí.

La felicidad depende de la ejecución de las acciones del alma según la virtud; por tanto, podemos considerar que un hombre que vive y obra bien (haciendo uso de su razón según la virtud) es feliz. Felicidad es actuar virtuosamente, es decir, actuar conforme a la virtud, y quien desea ser feliz debe esforzarse por actuar en orden al bien. De igual manera se puede decir que una buena es igual a una buena conducta.

Dependiendo de la clase de bienes que se persigan la felicidad será la virtud para unos, la prudencia para otros, para otros el placer o la abundancia. Por ello, no podemos calificar como equivocadas del todo su concepción de la felicidad.

Siguiendo el anterior razonamiento podemos colegir que felicidad es virtud. Para el hombre virtuoso la vida es un placer, puesto que las acciones virtuosas son un fin en sí mismas. Quien hace una acción virtuosa, sabe que su bien o beneficio es el simple hecho de haber actuado virtuosamente.

Sin embargo, también es evidente a la experiencia que la prosperidad también es felicidad. Aquel que tiene prosperidad es dichoso. Ser feliz también depende en gran medida de los bienes exteriores, como lo son: la riqueza, el poder político, y los amigos. Así, si uno de estos bienes exteriores falta: la felicidad es oscurecida, y carente de plenitud. Por tanto un hombre sin hijos o hijas, riqueza, sin amigos o con amigos viciosos, de aspecto aborrecible y repulsivo, no puede ser completamente feliz. Pues un hombre sin amigos, ¿con quién conversará y compartirá su alegrías y tristezas? Y un hombre sin riquezas ¿cómo podrá hacer el bien? Con esos razonamientos queda claro que algunos bienes exteriores le son necesarios a la felicidad, puesto que sin ellos no se puede ser feliz completamente.


¿Cómo ser feliz? Porque la felicidad depende de determinadas acciones del alma en conformidad con la virtud, se hace necesario para ser feliz, conocernos a nosotros mismos interiormente (conocer nuestra alma) y obrar según la virtud que esta posee. “Las acciones conforme a la virtud serán agradables por sí mismas.” Estas son buenas y hermosas. Felicidad es, consecutivamente, lo más hermoso y agradable.


Citando a la inscripción de Delos afirma Aristóteles: “Lo más hermoso es lo más justo”.
¿Quiénes pueden ser felices? Solo los seres humanos son capaces de ser felices, porque solo ellos pueden obrar acciones honestas y virtuosas. La felicidad exige una felicidad perfecta y una vida completa. Este solo es alcanza por aquellos que son capaces de ejecutar la actividad del alma: razonar según la virtud.

¿Cómo saber si se es feliz? Aristóteles propone para esta pregunta un argumento hecho también de preguntas: ¿no se puede juzgar feliz a nadie hasta después de la muerte? ¿No es algo completamente absurdo sobre todo para nosotros, que afirmamos que la felicidad consiste en una determinada actividad? Y luego responde que solo en el momento de la muerte o después de esta se puede considerar feliz a un hombre, pues está libre de los males e infortunios.

¿Qué pasa con aquellos que habiendo obrado virtuosamente toda subida, carecen de dinero cuando mueren? Aunque el dinero es necesario a la felicidad no la determina completamente; un hombre virtuoso puede ser feliz un sin tener montones de dinero. Un hombre bueno soporta la adversidad y se mantiene virtuoso en ella. Pequeñas acontecimientos no acaban la felicidad, pero números y favorables sucesos la acrecientan y embellecen la vida. Muchos sucesos malos arruinan y limitan la felicidad, y pueden desviarnos de la búsqueda de esta. Pero un hombre noble soporta serenamente cualquier aflicción aunque está sea grande.

En base a las consideraciones anteriores puede afirmarse que la felicidad no puede ser opacada del todo por la riqueza o la pobreza, puesto que ella es u fin en sí, independiente hasta cierto punto de estas.

Para finalizar, concluimos que la felicidad es elogiable por la virtud que la acompaña, y que, siendo actividad del alma conforme a la virtud perfecta, debe orientarse a Dios, quien es el ser perfectamente bueno en sí, él tiene todo, es justo, bueno y virtuoso, por tanto es poseedor de la verdadera felicidad.